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La vida del feto tiene múltiples capacidades sensoriales antes de que el cerebro está completamente maduro.

A lo largo de los últimos años se han desarrollado estudios sobre el desarrollo sensorial del feto concluyéndose que los cinco sentidos -gusto, tacto, olfato, oído y vista- se desarrollán y ponen en funcionamiento durante el periodo prenatal.

En los adultos, los estímulos de cada órgano de detección en el cuerpo se transmiten a diferentes partes del cerebro a través de diversas vías. La información sensorial se transmite desde el sistema nervioso periférico al sistema nervioso central.
Sin embargo, diferentes sistemas sensoriales comienzan a exhibir la función antes del nacimiento. En particular, los sistemas, quimiosensoriales, como el olfato, que muestran una una considerable plasticidad tanto en el desarrollo morfológico como en la implicación en los cambios de comportamiento duraderos.

En primer lugar, un feto se vuelve sensible al tacto, una capacidad seguida de cerca por la sensación de movimiento. Esto es acompañado a su vez por las capacidades sensoriales, químicas que formulan los sentidos del gusto y el olfato y luego los sentidos del equilibrio y la audición. Por último, el feto comienza a desarrollar la visión, que terminará de formarse después del nacimiento.

Las investigaciones llevadas a cabo durante las últimas tres décadas han confirmado en repetidas ocasiones el papel crucial de la experiencia sensorial temprana en el desarrollo conductual y cognitivo.

De hecho, el vientre materno es un ambiente ideal, estimulante e interactivo para el desarrollo humano. El útero y la placenta proporcionan la estimulación sensorial en muchas modalidades.

Por lo tanto, un bebé nace equipado con una capacidad funcional en general a comprender la realidad. Sus sensores periféricos están en su lugar, mientras que su cerebro está completamente formado y listo para recibir, distinguir, combinar e interpretar los datos. El plazo de nueve meses un ser humano se prepara sin descanso para el increíble viaje.

William Smotherman y Scott Robinson son psicobiólogos del desarrollo, pioneros en el campo de la investigación para el desarrollo del comportamiento fetal. En estudios comparativos de aprendizaje y el comportamiento prenatal se han desarrollado procedimientos, utilizando un modelo animal (una rata fetal) para observar y cuantificar el comportamiento fetal.
Su trabajo es de interés directo para el campo emergente de la perinatología conductual con implicaciones para la comprensión de los vínculos entre los mecanismos biológicos y de comportamiento que pueden ser significativos para los clínicos e investigadores en el campo de la obstetricia, medicina materno-fetal y neonatología.

Algunos de los miembros el equipo medico de Genoma también han participado en la investigación clínica que abarca el desarrollo sensorial temprano del feto, centrándose en la audición y la interacción de este sentido con el desarrollo del feto y el bebé una vez nacido. Se ha demostrado que la voz de la madre es reconocida por el feto antes del nacimiento y que los diferentes tipos de música se perciben también.